sábado, 30 de mayo de 2009

No TiTLe #06

Piensa en cuanto eres capaz de perdonar y tendrás la medida perfecta de cuanta capacidad tienes de amar. Es común escuchar a las personas decir "Yo perdono pero no olvido". Es extraño. Porque al recordar, sin duda vas a revivir el dolor que te han causado y lo más probable que vuelvas a sentir rabia, impotencia, rencor, dolor.El perdón va de la mano con el amor.
¿Para qué perder el tiempo en lo que ya pasó? ¿Quién sufre más?¿Ese ser humano que cometió el error de herirte?, lo más probable es que ni siquiera tiene conciencia de haberte causado tristeza, por lo tanto, ni lo recuerda. Y si está consiente del daño que ha causado... ¿Quién sufre más? ¿El que hiere o el que es herido?Sin duda el que hiere.
Piensa que esa persona le gustaría sentirse feliz con su forma de ser, pero su carácter no se lo permite y es más, tal vez es su mejor coraza para defenderse de un mundo cada vez más deshumanizado. Pero aún así, le gustaría ser distinta... Por lo tanto, sufre más que tú.
El amor lo puede todo y transforma todo. Cicatriza heridas, borra huellas de dolor y tristezas, da cabida al perdón, al entendimiento, a la reconciliación, incluso a enviar bendiciones para quien ha sido responsable de sembrar desencanto y dolor en nuestras vidas.Libera tu alma de toda amargura y muestra entrañas de misericordia para quien te haya herido.
Y es bueno que te preguntes... ¿Nunca has herido a alguien? ¿Te gustaría ser perdonado? Entonces hazlo, primero contigo mismo y luego con los demás. De esta manera, conseguirás no sólo la paz que buscas sino que habrás crecido en el amor y el perdón... y Jehova, presente en cada uno de nosotros te lo agradecerá y te devolverá multiplicadas, todas las bendiciones que pidas por tu agresor....

lunes, 4 de mayo de 2009

+ Los zapatos de la vida +

Me hallaba limpiando unos zapatos blancos que... Ya no eran blancos, por el uso constante se habían vuelto amarillentos. Y al tratar de volverlos blancos de nuevo, cosa que pensé no poder hacer; recordé algo. Uno trata de volver a tener el color blanco de la vida.Aún teniendo ya plasmado en nosotros ese amarillento turbio.
¿Cómo hacer que de nuevo nuestras vidas sean del color inicial?Salí a contestarme esa pregunta, y claro a buscar con que volver de nuevo blancos mis zapatos. En mi andar vi… Niños correr, mojarse, reír, brincar, vivir.
Más adelante vi una pareja de enamorados; besándose, abrazándose, amándose. Mire a una madre darle su cariño incondicional a su hijo.A hermanos, convencidos de que más allá de sus lazos de sangre está el lazo del amor. Colores, formas, sabores, aromas.
Al llegar a mi destino; busqué en los estantes esa fórmula mágica para mis zapatos. Y la encontré… Era una pintura especial para ellos. De regreso a casa y con la pintura en mano, tomé los zapatos y empecé a pintarlos. Hasta que ese color desapareciera y de nuevo ellos quedaron blancos… Como antes. Aunque el desgaste de las suelas era evidente.
Y pensé… ¿Será que existe tal pintura que pueda pintarnos el alma? ¿Y el cuerpo? ¿Nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones?Miré hacia la ventana y vi una sutil mariposa que terminó posándose en mi mano. Y recordé que… Quizá dicha pintura no exista explícitamenteY que no lograremos ocultar ni borrar mágicamente el dolor, la soledad, angustia y desesperación.
Pero… Podemos ponerle a nuestra vida ese color… Un color magnífico… El color del amor, la alegría, la euforia, el toque de felicidad. Podemos pintar nosotros mismos el color que elijamos en nuestra alma. Siempre y cuando estemos dispuestos.